Ponerle precio a un servicio es una de las decisiones que más estrés genera. Pones poco y trabajas de más por de menos; pones mucho y temes que te tiren la oferta. La buena noticia: el precio no es una corazonada, es una decisión que se puede tomar con método. Aquí va.
Tus costos son el piso, no el precio
El error más común es calcular el precio sumando costos y un margen. Eso te da tu piso —por debajo pierdes— pero no tu precio. El precio se fija en función del valor que entregas: el resultado que el cliente obtiene, no cuánto te cuesta a ti producirlo.
Ancla en el costo de no actuar
Tu servicio no compite contra "gastar dinero", compite contra el costo de que el cliente NO resuelva su problema. Cuando dejas claro lo que le cuesta seguir como está, tu precio deja de verse caro y empieza a verse como una inversión.
Deja de competir por barato
Si tu único argumento es el precio, siempre habrá alguien más barato. La salida es subir el valor percibido: comunicar mejor el resultado, reducir el riesgo con garantías y presentar la oferta de forma que el cliente sienta que recibe más de lo que paga.
Ofrece opciones
Presentar una sola cifra invita a un sí o un no. Presentar tres opciones cambia la pregunta de "¿lo hago o no?" a "¿cuál elijo?". Bien diseñadas, las opciones guían al cliente hacia la decisión correcta.
Presenta el precio sin miedo
El miedo a cobrar viene de no tener claros los argumentos del valor. Cuando puedes explicar con precisión qué entregas y qué le cuesta al cliente no resolverlo, decir el precio deja de temblar.
El siguiente paso
Construir la oferta y el pricing con método es justo lo que hacemos en estrategia de oferta y precios. Y para que la oferta sea irresistible, lee cómo crear una oferta irresistible.